Una Iglesia Confesional
La Iglesia Bíblica Gracia Verdadera (IBGV) es una congregación cristiana reformada que se identifica con la fe histórica de la Iglesia y las confesiones que han sostenido la verdad del evangelio a lo largo de los siglos.
Como iglesia bíblica y confesional, creemos que las confesiones históricas reformadas —tales como la Confesión Belga (1561), el Catecismo de Heidelberg (1563), Confesión de Westminster (1647) y la Confesión Bautista de Londres (1689)—constituyen un resumen fiel y cuidadosamente formulado de las enseñanzas esenciales de la Sagrada Escritura.
Afirmamos que la Biblia es nuestra única autoridad suprema en materia de fe y práctica. Reconocemos las confesiones no como textos inspirados, sino como expresiones humanas que buscan mantener la integridad y coherencia de la verdad bíblica revelada.
La membresía en la Iglesia Bíblica Gracia Verdadera requiere la afirmación de las verdades fundamentales de la fe. (Declaración de Fe)
Afirmamos las verdades esenciales del cristianismo histórico, tal como fueron expresadas en los Credos Apostólico, Niceno y de Calcedonia. Estas doctrinas incluyen:
- La Trinidad: un solo Dios en tres Personas.
- La Deidad y humanidad de Cristo.
- La encarnación, muerte y resurrección del Señor Jesucristo.
- La obra redentora y expiatoria de Cristo por los pecadores.
- La segunda venida del Señor y la esperanza de la vida eterna.
Nuestra teología es bíblica, pues afirmamos junto a la Reforma protestante los grandes principios de la fe:
- Sola Scriptura — La Escritura es la única revelación escrita e infalible de Dios, suficiente y final en autoridad sobre la vida y la fe del creyente.
- Sola Fide — Somos justificados únicamente por la fe, no por obras, sino por la justicia perfecta de Cristo imputada al creyente (Romanos 5:1).
- Solus Christus — Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres; no hay salvación fuera de Él (Hechos 4:12).
- Sola Gratia — La salvación es totalmente obra de la gracia soberana de Dios, no del mérito humano (Efesios 2:8–9).
- Soli Deo Gloria — Toda la gloria pertenece solo a Dios, de quien, por quien y para quien son todas las cosas (Romanos 11:36).
Reformada
Nuestra teología es reformada, pues afirma la soberanía absoluta de Dios sobre todas las cosas y el pacto de gracia como estructura central de la redención. Creemos que Dios es el centro de toda la teología y que la gracia es el corazón del evangelio.
Los Cinco Puntos de la Gracia (TULIP)
Los llamados Cinco Puntos del Calvinismo resumen la obra soberana de Dios en la salvación:
- Depravación Total – El ser humano está completamente afectado por el pecado y es incapaz de buscar a Dios por sí mismo (Romanos 3:10–12).
- Elección Incondicional – Dios, desde la eternidad, escogió libremente a los que habrían de ser salvos, no por mérito, sino por pura gracia (Efesios 1:4–5).
- Expiación Limitada (Particular) – Cristo murió eficazmente por los suyos, asegurando su redención eterna (Juan 10:14–15).
- Gracia Irresistible – Aquellos a quienes Dios llama eficazmente son regenerados por el Espíritu y vienen voluntariamente a Cristo (Juan 6:37, 44).
- Perseverancia de los Santos – Los verdaderos creyentes serán preservados por el poder de Dios hasta el fin (Juan 10:27–30).
La Iglesia y sus Marcas
La Iglesia es el cuerpo de Cristo, compuesta por todos los redimidos de todas las naciones y épocas. Las marcas distintivas de una iglesia verdadera son:
- La predicación fiel de la Palabra de Dios.
- La administración correcta de los sacramentos (Bautismo y Cena del Señor).
- La práctica de la disciplina eclesiástica.
- La sujeción de la iglesia a Cristo como su único Señor y Cabeza.
Teología del Pacto y los Sacramentos
Dios se ha revelado y ha obrado con Su pueblo a través de pactos. El Pacto de Obras hecho con Adán fue quebrantado, pero Dios prometió el Pacto de Gracia en Cristo (Génesis 3:15). Este pacto se desarrolla a lo largo de la historia hasta su cumplimiento en la obra redentora de Jesús.
Cristo cumplió perfectamente las demandas del antiguo pacto y estableció el Nuevo Pacto en su sangre (Jeremías 31:31–34; Lucas 22:20).
Los sacramentos son señales visibles y sellos del pacto:
- El Bautismo, como señal de entrada en el pueblo de Dios.
- La Cena del Señor, como señal de comunión con Cristo y Su cuerpo.
Ambos son ordenanzas instituidas por Cristo y deben ser observadas con fe y reverencia, no como medios automáticos de gracia, sino como símbolos espirituales que fortalecen la fe del creyente.
Gobierno Eclesiástico
Nuestra forma de gobierno está dirigida por una pluralidad de ancianos que supervisan, enseñan y pastorean al rebaño (Hechos 20:17; 1 Timoteo 3:1–7).
Los diáconos sirven al cuerpo de Cristo atendiendo las necesidades materiales y mostrando el amor de Dios en actos concretos de misericordia (Hechos 6:1–6; 1 Timoteo 3:8–13).
